Restos de carne entre los dientes…

junio 5, 2007

Micro festival de cine “underground”

Filed under: Agenda, Cine, Vicios de la ciudad — matame @ 6:07 am

La propuesta es de 1000 metros bajo tierras; ¿Las concecuencias?, el riesgo de una apuesta… la posiblidad de aburrirte, asquearte, sorprenderte, descubrir una joya, o simplemente de eludir el mainstream para solo ver, en toda su desnudez, una pelicula.

Las fechas, los lugares o la participación, todo en la pagina de 1000 metros.

Un mensaje de la ETA sobre 1000 metros:

Y dos “spot”:

1 y 2

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4 comentarios »

  1. yo fui e este microfestival y la verdad es que dos peliculas muy interesantes, la del buio dentro y la de los violadores.
    espero que pongan la agenda de los proximos microfestivales.
    gracias

    Comentario por teodoro — junio 7, 2007 @ 11:46 am

  2. El director de cine no involucrado no puede ser actor de la escena propuesta por 1000 metros.

    En el microfestival de Mayo la asistencia no pasó de diez espectadores. Sangremos la herida.
    El director de cine tiene la fortuna (es decir, tanto alegrías como penas) de tener que recorrer un largo camino hasta ver la película terminada. Esto corre tanto para las películas de pobres o nulos recursos como para las realizaciones de grandes presupuestos. Todo lo cual implica que necesariamente se dialoga, se negocia, se organiza el trabajo con otros. Es un proceso que incluye a lo múltiple, el contacto con diversas disciplinas y lenguajes. El realizador, más que nada, se ve obligado a establecer una mirada que sobrevuele esa multiplicidad, el director no puede comer buzones. Lo mismo exigimos luego, una vez que se empieza a hablar de la circulación de la película; quizás esté ahí la raíz de este fracaso. Si nos indignamos ante nuestros padres cuando toman como la cosa misma la noticia que nos presenta Telenoche, cómo no vamos a indignarnos al encontrarnos con que no hay filtros que desmenucen el discurso oficial. Los directores comen buzones.
    -¿Con quién dialogan los directores? ¿Con quién dialoga su obra?
    -¿Dialogan?
    Por este lado el problema lo encontramos en los directores formados por las escuelas de cine. Esta es nuestra hipótesis: las escuelas de cine no enseñan a pensar el cine como discurso social. Y por lo tanto lo que forman son individuos que se vinculan a la producción cinematográfica en forma irreflexiva y completamente funcional a la industria cinematográfica. Y de esta situación se derivan dos tipos problemáticos de director: el director aristócrata y el director burócrata. Porque ¿qué significa “quiero ser director”? ¿un nuevo “quiero ser licenciado”? ¿un sedicente artista que pretende rebelarse contra lo establecido? ¿Qué pasó antes con todo esto, ya en el llamado “Nuevo Cine Argentino”? La eficaz fórmula – queda claro, ahora – no significó la emergencia de una nueva forma de considerar el hecho cinematográfico, no implicó la aparición infecciosa de jóvenes dispuestos a intentar cierta subversión del campo cultural. Fue puro formalismo, el aggiornamiento estético de una práctica. Hasta que nos demuestren lo contrario, no hay aspectos contraculturales en esa “nueva camada” con más atributos de novedad que otra cosa.
    Ser novedad, formar parte de la información actualizada. Así, la novedad son todos los nombres que pasan de boca en boca durante un festival, las listas interminables, la historia del día. La información parece un flujo de datos en circulación, pero más que eso es un modo de ser contemporáneo, la manera de estar en el mundo.
    -¿Qué significa “quiero ser director”
    -Un nuevo “quiero ser artista”.
    En este panorama está quien entiende el discurso burocratizado y quiere acceder a él sabiendo activar los resortes adecuados, entendiendo qué decir en el momento adecuado y sabiendo que sus palabras estarán consecuentemente legitimadas dentro de este discurso (he aquí al burócrata, licenciado). Pero también nos encontramos con quienes se pretenden vanguardistas y sin embargo toman como referentes lo que se les da ya digerido, como la Nouvelle Vague y su fuerte impronta rupturista, desconociendo su condición emergente, ante todo relacionada al discurso crítico y teórico, a la producción de textos en simultáneo con la producción de imágenes (de esto hablaba Farocki en una entrevista hecha por la gente de Kane, de la necesidad imperiosa de continuar escribiendo si en algún momento se llegara a filmar). Así, creyéndose una nueva elite que queremos llamar aristocrática, terminan por identificarse con un modo rupturista legitimado en los mismos términos que lo está quien cínicamente entiende esta lógica burocrática y se quiere mover en ella.
    La figura del estudiante de cine exige una reflexión. No se mira el cine argentino contemporáneo, menos aún ese cine que se produce sin legitimación institucional ni comercial. “Los demás hacen una mierda, yo no”.
    Tal vez hablemos de un desprecio mutuo: el del que teoriza por el realizador y viceversa. Uno que acusa al otro de irreflexivo, apolítico, iletrado; el otro que le contesta con la mirada burlona, la acusación implícita de no formar parte de la vida, de no accionar. Intentamos hacer de este espacio un lugar donde escribir signifique intervenir, donde filmar sea también un gesto reflexivo, dialógico, respuesta a otros textos y otras imágenes. Intentamos vincular, incluso de manera violenta (como ocurrió con Luciano Kravetz –cf. #11, “Derecho a réplica”-), lo que en un principio parecen lógicas disociadas que transitan por dimensiones que nunca se tocan. Y sólo obtuvimos destellos, algún relampagueo. El resto es tierra yerma.
    -Lo que angustia es sentir que no se tiene la fuerza para interpelar
    -Lo que desespera es lo fútil del gesto, la nula resonancia de los movimientos. La medianía y la verticalidad de la vida, el hombre enyesado con la pierna colgando que se conforma con rascarse ayudado por una aguja de tejer.
    -El ego del director: no estimulamos el ego del director.
    -El cine es discurso lo que significa que es resultado de una construcción social: no es sólo qué y cómo se dice sino también dónde circula, qué legitimación se le da.
    -Pero nosotros no vinimos aquí a ser los promotores de nadie. No nos mueve un principio altruista. Si no es para hablar del estado ideológico de la cultura el cine nos interesa un pito.
    Todos: En tanto no existan otros actores interesados en coproducir (el término, seguro, gustaría a mucha de la estudiantina), vamos preparando la retirada. Son ustedes los que nos empujan a ver las películas en una tele, al encierro y a la autojustificación.
    Por esto, el director de cine formado así no puede llegar nunca a ser actor de la propuesta de 1000 metros. En todo caso, enviará sus películas en un afán de aumento cuantitativo de la producción discursivo-teórica sobre su película; no vamos a criticar esto, pero si él no va a las proyecciones, si no se involucra en el proceso de difusión como lo hace en el de producción aprovechando el espacio para dialogar con otros directores, ver sus películas, atreverse a criticarlas, si incluso se burla de la crítica (a pesar de buscarla por imposición burocrática o reafirmación del ego aristocrático), el proyecto no funciona.
    >
    Pero ¿no somos muy ingenuos?
    En todo caso ¿por qué consideramos tan importante un espacio no privado para visionar las películas?

    El espacio del microfestival como espacio que será siempre no-informado-aun.

    En términos informativos es lo mismo el visionado televisivo que aquél de la sala. Pero lo que sí se modifica es el tipo de evento. La observación hogareña no es la misma experiencia. La información es la misma, el discurso no. Negar o desconocer la vinculación entre una cosa y la otra es pretenderse no humano, desconocer la densidad del lenguaje, su fuerza enunciadora y su fuerza de conducir y determinar una práctica. El teatro hogareño carece de dramatismo y por eso tal vez de fuerza política.
    Entonces proponemos este espacio contra el del televisor para que los nuevos realizadores no se recluyan en su privacidad. A nuestro lado están otro tipo de festivales y otras propuestas comerciales o con una orientación temática concreta; todas ellas se constituyen como un espacio legitimador que ofrece, con la selección de películas y con su nombre, un capital simbólico codiciado por realizadores y espectadores también (dotados de ese aura que es “la cultura”). Repitámoslo: no ofrecemos capital simbólico; otra vez: no ofrecemos capital simbólico; una vez más: esto hiere el ego del director aristócrata y desinteresa al director burócrata.
    La información, la difusión, los directores y el público. El director hace la película y luego la manda a los festivales. Nosotros le proponemos otro espacio de difusión. El festival ofrece, ante todo, capital simbólico (tal vez, más tarde, con suerte, capital económico). Nosotros no ofrecemos esto sino la posibilidad de involucrarse en el proceso. Es genial que no ofrezcamos capital simbólico a la manera de los espacios legitimadores: las películas de alguna manera “consagradas” junto a aquéllas detestables. No vinimos a ser los promotores de nadie, tampoco vamos a presentar al “nuevo director de culto”. Después de todo, “lo nuevo” viene a ser en esta frase sinónimo de “otro más”, y es así porque lo que no cambia, lo que no se renueva en el campo cultural, es el discurso.
    La información, entonces, el dar forma, consiste en presentar como posibilidad única lo que en realidad es una versión que ha tenido un momento específico de emergencia. Lo interesante de esta naturalización es que, como tal, no sólo no es cuestionada sino que se fortalece a través de la difusión que los receptores le dan. Otras posibilidades son consideradas como inválidas. La información es lo actual, aquello que se erige como único dentro de un presente frágil, cambiante, un presente instantáneo, siempre a punto de desaparecer, pero en el que sin embargo se consolidan ideologías que dan forma a hechos (tanto del lado emisor como receptor), consolidando esta temporalidad como la única posible. Y el fortalecimiento se produce no sólo a través de la reproducción de cierto discurso sino también de prácticas. La información dicta el modo de hacer, produciendo nuevos hechos que a su vez serán informados de distintas maneras en lucha ¿Qué busco en la información? Que me diga cómo entrar.
    Nos movimos con esa lógica e intentamos difundirnos a través de ese flujo: no estamos si los medios no nos nombran, tampoco si lo hacen. Nos volvimos invisibles y nos preguntamos si surte algún efecto esta política de interferencia que resulta finalmente toda práctica de intervención cultural de bajo alcance mediático. Alguna vez habíamos confiado en el poder disruptivo, la fuerza entrometedora que tiene la palabra dicha al voleo, llena de insultos y a la espera de alguien que recoja el guante. Quedamos como la izquierda o como los locos o los enfermos: hablando solos, caminando cabizbajos por calles laterales, rumiando el rencor de que no exista interlocutor, de quedar por fuera de lo dialogable, aquello que acepta ser pensado. A nadie le interesa ser una célula aislada ni el monologueo que es quizás la característica más contundente con que se construye la información. Palabras muertas. La información: el enquistamiento de lo cuantitativo en lo cualitativo.
    -Si nosotros buscamos un espacio marginal, aceptemos esa figura.
    -Es que tenemos espacio, lo que no tenemos es gente.
    -Pensar el proyecto desde lo marginal no implica no tener alguien que te acompañe. Nosotros no estamos pidiendo espectadores. Estamos pidiendo que alguien recoja el guante que tiramos, que alguien se haga eco del ruido que estamos produciendo. Que alguien se sume a hacer ruido también. No queremos llenar la sala. El proyecto no tiene que ver con la cantidad de espectadores.
    -Nos parecemos a aquél que convoca una manifestación y no va nadie. Solo, con las pancartas y todo.
    ¿Hacemos esto para nuestra felicidad o para ampliar el espacio de lo público, para tensar la cuerda entre lo instituido y los mundos soñados Una falsa disyuntiva: no hay sino espectros de la felicidad siempre que se la piense como un bien individual; no habrá tampoco felicidad en tanto se quiera imponer una visión conciliadora del mundo. Pero de ninguna manera creemos que esto sea un espacio de resistencia si no hay participación, alguien que continúe la conversación. Porque ahí sí se trataría sin dudas de una asimilación estético ideológica de una ficción democrática que sostiene que todos tenemos acceso a los mismos recursos y que no hay diferencia entre los relatos y que es falso cualquier intento de categorizar (cf. #11, entrevista a Lorena Gall)
    Nosotros hemos querido hacer llegar la información de nuestras actividades y hemos fracasado. Porque realmente no tenemos información sino discurso, un discurso que difícilmente puede ser informado si esto consiste en, bajo un epígrafe, listar la cantidad tremenda de largos y cortos y medios que hemos proyectado hasta el momento y sobre los que se ha discutido en privado y en público, en la revista y en la web.
    No vamos a informarles de absolutamente nada, pretendemos construir con el material que nos hacen llegar y con sus reflexiones un discurso en conjunto. Pero ¿cómo es posible esto si pretenden monologar con sus trabajos críticos o fílmicos o en tanto espectadores (que también es posible monologar como espectador)? ¿cómo si no hay diálogo? ¿si lo que quieren es ser informados según el discurso al que decidan sumarse?
    -¿Por qué hablar de la difusión si vamos a hablar de los directores y no del público?
    -Es que en realidad queremos poner en cuestión esa organización, ese reparto de los papeles. Violar ese orden podemos decir que sería nuestro ideal.

    Comentario por 1000 metros — junio 20, 2007 @ 1:21 am

  3. Che que buenis!
    xq no siguen??
    ese es mi aporte….

    Comentario por Lusti — octubre 3, 2007 @ 7:55 pm

  4. a modo de pregunta…

    Comentario por Lusti — octubre 3, 2007 @ 7:55 pm


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